El horno de inducción es un equipo central de fusión en los sectores metalúrgico y de fabricación mecánica, ampliamente utilizado en la fundición de acero y metales no ferrosos gracias a su alta eficiencia de calentamiento y control preciso de la temperatura. El crisol, como componente clave que soporta directamente el metal fundido y las escorias, determina de manera directa la eficiencia de fusión, la seguridad de la producción y la calidad del producto.
Seleccionar un crisol adecuado es fundamental para el funcionamiento eficiente del horno, evitando interrupciones por roturas y accidentes, y mejorando la pureza del metal fundido. Desde el punto de vista operativo, un crisol de alta calidad puede prolongar su vida útil y la del propio horno, reducir los costos de reemplazo y mantenimiento, y mejorar la rentabilidad de la empresa. Por lo tanto, estudiar su clasificación y requisitos de calidad tiene una gran relevancia práctica.
Los crisoles alcalinos están compuestos principalmente por óxidos alcalinos como la magnesia y la dolomita, siendo los de magnesia los más utilizados. Su estabilidad química es alta, poseen excelente resistencia a la corrosión por escorias alcalinas y son adecuados para la fundición de aceros aleados como el acero inoxidable y de alto cromo, así como de metales no ferrosos como aluminio y cobre. Su ventaja principal es la alta refractariedad (>1700 °C) y elevada resistencia estructural a altas temperaturas, siendo poco propensos a deformaciones o colapsos.
Los crisoles ácidos utilizan arena de cuarzo como materia prima principal y pertenecen a materiales refractarios ácidos. Son resistentes a la corrosión por escorias ácidas, pero pueden reaccionar con sustancias alcalinas. Son adecuados para la fundición de acero bajo en carbono, hierro fundido y metales no ferrosos, especialmente en condiciones de bajo costo y temperaturas ≤1500 °C. Su materia prima es abundante y económica, siendo ampliamente usados en hornos de inducción medianos y pequeños en producción en serie.
Los crisoles neutros están fabricados con óxido de aluminio o carburo de silicio, poseen estabilidad química y resistencia equilibrada frente a escorias ácidas y alcalinas, lo que los hace versátiles. Su refractariedad oscila entre 1600-1700 °C, con resistencia estructural intermedia entre los crisoles alcalinos y ácidos, combinando alta adaptabilidad y estabilidad de vida útil.
El ácido bórico es un aditivo clave en la fabricación de crisoles, con tres funciones principales:
Fabricados de forma estandarizada en fábrica mediante moldeo y sinterización a alta temperatura, ofrecen calidad uniforme y dimensiones precisas. Son adecuados para hornos medianos y pequeños y procesos de fundición de alta precisión en serie, facilitando la instalación y reduciendo los tiempos de preparación de producción.
Moldeados in situ dentro del horno, se ajustan perfectamente a la cavidad, maximizando la capacidad de fusión. Permiten ajustar la composición del material y el espesor, siendo altamente versátiles. Ideales para hornos grandes, diseños especiales y fundición de metales de alto punto de fusión o altamente corrosivos, como acero líquido a gran escala o aleaciones especiales.
Tradicionalmente construidos con ladrillos refractarios, permiten flexibilidad en materiales y reparaciones locales, con costos de mantenimiento relativamente bajos. Sin embargo, su calidad depende de la técnica de construcción, presentan menor estabilidad estructural y alta permeabilidad a altas temperaturas. Actualmente se usan solo en producciones intermitentes pequeñas o en condiciones económicas simples, siendo gradualmente reemplazados en producción industrial a gran escala.

Los hornos de inducción operan generalmente a 1500-1700 °C, y las aleaciones especiales superan 1800 °C. Por ello, los crisoles deben soportar altas temperaturas sin ablandarse y resistir el peso del metal fundido, la fuerza de agitación electromagnética y los impactos del cargado, evitando grietas y colapsos para garantizar la continuidad y seguridad de la producción.
Los ciclos frecuentes de calentamiento y enfriamiento requieren crisoles capaces de resistir choques térmicos intensos. Materiales con bajo coeficiente de expansión y alta conductividad térmica son esenciales para minimizar grietas y prolongar la vida útil.
Las escorias contienen óxidos y sulfatos que pueden erosionar las paredes del crisol y contaminar el metal fundido. Por ello, los crisoles deben resistir la corrosión química y el desgaste mecánico, seleccionando el material según el tipo de escoria (ácida o alcalina).
Reducir la conductividad térmica disminuye la pérdida de calor, mejora la eficiencia energética, protege los componentes del horno y optimiza el entorno de trabajo. Se logra mediante aditivos aislantes y optimización de la estructura porosa del material.
Un buen aislamiento mantiene la temperatura del metal fundido estable, asegura la calidad de fusión y colado, reduce pérdidas energéticas y protege al personal de quemaduras. La densidad y propiedades del material determinan el rendimiento del aislamiento.
Desde el punto de vista ambiental, los crisoles deben cumplir con la producción verde: sin emisiones tóxicas, baja volatilidad y alta resistencia a la hidratación, evitando contaminación y desperdicio de material.
Económicamente, se evalúa el costo total de vida útil: adquisición, mantenimiento y consumo energético, priorizando crisoles de alta relación costo-beneficio que cumplan con eficiencia energética y normas de sostenibilidad.
La clasificación y los requisitos de calidad de los crisoles determinan la eficiencia, seguridad y calidad del horno de inducción. La selección adecuada y el control riguroso de los estándares de calidad son esenciales para una producción eficiente. Comprender sus características permite a las empresas elegir el crisol más adecuado para cada aplicación, prolongar la vida útil del equipo, reducir costos y mejorar la calidad del producto.
Los operadores deben dominar la selección y el mantenimiento de los crisoles, y los compradores priorizar la adquisición de productos de alta calidad. En el futuro, el desarrollo de crisoles nuevos, de alto rendimiento, ecológicos y económicos marcará la tendencia de la industria.


La temperatura de calentamiento está entre 200 y 1400 grados.

Los hornos de inducción para tochos pueden calentar tochos a temperaturas que van desde la temperatura ambiente hasta más de 1200 °C.

After the Slab is pulled out from the continuous casting machine,Surface temperature is 750 ~ 850℃.

The melting furnace mainly melting the steel, iron and metal. The equipment is mainly composed of power control cabinet and melting furnace body.